¿QUÉ PASÓ CON LAS FIRMAS?

El proceso de recolección de firmas para los candidatos independientes ha sido tema de conversación en los medios a lo largo de los últimos meses. Sin embargo, nada como el revuelo provocado por la conferencia de prensa del Instituto Nacional Electoral del 16 de marzo.

Y es que anunciar que dos aspirantes a la Presidencia se quedan fuera de la contienda y que sólo Margarita Zavala alcanzó el umbral de firmas requeridas provocó en la opinión pública muchas preguntas que nosotros, desde el equipo de campaña, empezamos a hacernos al inicio del proceso. Todo para toparnos con la realidad de que el propio instituto electoral no tenía tampoco respuestas a muchas de ellas.

A fin de brindar un atajo a los lectores, me permito dar una explicación del proceso y las clasificaciones que a nosotros nos llevó seis meses comprender y al INE terminar de pulir sobre la marcha.

La aplicación para recabar apoyo ciudadano surgió como una alternativa para agilizar los procesos de verificación de validez de las firmas y eliminar inconsistencias que se habían detectado en procesos anteriores. Al final, no sirvió para uno ni para otro fin.

Para recolectar firmas, un aspirante debía dar de alta a sus auxiliares ante el INE, no había límite en el número de auxiliares y no había ningún requisito de identificación para registrarlos. Tampoco quedaba claro cuántos ciudadanos podían usar una misma cuenta para recolectar apoyos.

Una vez que se registraba el auxiliar, el candidato perdía absoluto control sobre la comunicación entre el INE y el recién registrado así como sobre las firmas que el auxiliar subía al sistema. El INE le enviaba directamente un correo electrónico al auxiliar con sus claves de acceso y el auxiliar, con esto, podía empezar a recabar apoyo.

La aplicación contaba con un lector automático que detectaba los caracteres de la credencial. Si por algo fallaba (lo cual sucedía con recurrencia), el auxiliar podía capturar o corregir manualmente los datos.

Ya que la firma era enviada al sistema del INE, se seguía el siguiente proceso:

Cualquier apoyo enviado, sin importar si la firma estaba capturada correctamente o no, si tenía o no la imagen de una credencial adjunta, si el auxiliar había mandado la foto de una lata de refresco o si la firma no coincidía con la original, de manera automática, se contabilizaba como “apoyo enviado al INE”.

En ese momento podían pasar dos cosas. En caso de que los datos hubieran sido detectados por el lector de manera automática y no hubiera correcciones manuales, entonces el sistema las daba por “válidas” pues se presumía que la máquina era capaz de distinguir las credenciales legítimas y cruzar la información con el Padrón Electoral.

Si, en cambio, los datos de la credencial se habían modificado manualmente, pasaban entonces a la “mesa de control” donde un grupo de personas los revisaba desde el Registro Federal de Electores.

De la mesa de control podían pasar otras dos cosas. Podían darse por válidas o pasar a “con inconsistencias”.

Ante las inconsistencias se podía solicitar una garantía de audiencia en la que se habilitaban alrededor de 40 computadoras en las que se revisaba, en presencia de voluntarios del equipo, una por una cada firma catalogada como inválida.

Era este el primer momento, de todo el proceso, en el que podíamos conocer el contenido de ciertas firmas. En realidad, únicamente pudimos revisar 337 mil del universo completo pues las “válidas” se daba por sentado que el INE ya las había revisado y aprobado.

El 4 de febrero, el sistema del INE reportó que habíamos alcanzado la meta de firmas válidas. A pesar de eso, decidimos seguir trabajando por el supuesto de que hubiera registros duplicados con otros aspirantes.

Y así, el INE salía a anunciar cada semana cuántas firmas enviadas, válidas e inválidas llevaba cada aspirante hasta el punto de anunciar que tres aspirantes habían conseguido el objetivo y con creces.

¿Qué fue entonces lo que pasó después?

La respuesta es sencilla: El sistema tuvo fallas y el INE nunca le informó de esto a los aspirantes.

Resulta que el lector automático no era tan preciso como lo habíamos todos supuesto. Captaba los datos de una credencial legítima igual que los de algunas fotocopias y los de falsificaciones. No hacía distinciones, no leía absolutamente ninguna de las marcas de seguridad con que cuentan las ejemplares credenciales de elector mexicanas. Ninguna. De tal forma que muchas credenciales superaban la primera prueba y pasaban por el sistema como “válidas” sin ser revisadas en el camino por ningún ser humano.

El INE se enteró de esto en diciembre, cuando empezó la revisión final de los aspirantes a diputados. Y aún con esta información, siguió catalogando y publicando información de los aspirantes presidenciales exactamente con los mismos criterios.

Hasta el viernes pasado, nosotros no habíamos podido ver una sola de las firmas que estaban catalogadas como válidas por lo que no teníamos opción más que confiar en la información que el INE nos proporcionaba para tomar decisiones. Dimos de alta a todos los auxiliares que se registraron en nuestra página de internet. Si el INE nos decía que un auxiliar estaba haciendo trampa, lo dábamos de baja; si nos decía que lo estaba haciendo bien, le creíamos.

Dimos de baja a lo largo del proceso a más de 200 auxiliares. En todas las audiencias que tuvimos, hubo un solo caso de simulación y no pasaron 10 minutos entre el momento en que lo supimos y que dimos de baja al auxiliar responsable.

Personalmente, tuve 11 reuniones con Consejeros Electorales, 15 juntas con personal directivo y operativo, además de 10 audiencias; estuve en contacto con los titulares del Registro Federal de Electores y de la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas uno de cada dos días del proceso por correo electrónico, comunicados, llamadas o mensajes. Los ayudamos a ajustar sus procesos, les señalábamos las fallas del sistema de reportes, les hacíamos preguntas sobre la clasificación que a veces se tardaban semanas en responder. Puedo decir que aprendimos junto con el INE y el INE aprendió con nosotros.

¿Por qué en ninguna de estas reuniones, mensajes o correos, por qué en ningún momento del proceso nos dijeron que había irregularidades que no habíamos visto? ¿Por qué no se nos informó oportunamente cuando todavía estábamos a tiempo de corregir o dar de baja auxiliares?

Es una gran incógnita. Intentamos ajustar siempre nuestro trabajo a partir de la información que obteníamos pero hubo un bloque muy importante al que nunca pudimos acceder.

El resto del trabajo ya se conoce. Nos vieron en las plazas y en las calles. Ningún aspirante fue captado como Margarita Zavala recolectando firmas en universidades, aeropuertos y parques públicos. No hubo un solo día durante el proceso en el que no hubiera cientos de fotografías de los voluntarios montando módulos de recolección o tocando puertas. El esfuerzo que se hizo fue real. Uno de cada cien mexicanos dio su apoyo para que Margarita estuviera en la boleta. Hoy está ahí y nadie puede escatimarle el logro.

Aún así y con todo el preámbulo sobre el proceso, creo que es importante hacer una clarificación sobre las inconsistencias encontradas en los registros:

-Errores de la aplicación: La aplicación tenía muchas fallas, entre ellas, que no funcionaba en los celulares de gama baja o más económicos.

En primer lugar, en estos celulares es que las fotografías salían borrosas u oscuras y el INE daba por inválidas esas firmas porque los datos de la credencial no se podían ver con claridad. Este problema era imposible de subsanar en las audiencias pues no teníamos forma de corroborar la identidad.

Otro de los problemas en este rubro era que la aplicación se trababa a veces por más de media hora por lo que la captura se iba en ocasiones sin la firma del ciudadano.

–Errores humanos de captura: En esta categoría están los registros de personas que capturaban dos veces el anverso o el reverso de la credencial en lugar de capturar los dos lados, personas que no tomaban bien los datos de la credencial, o personas que tomaban las fotos con el brillo del flash por lo que no eran legibles los datos.

Hubo también algunos ciudadanos que dieron su firma dos veces en distintos días a los auxiliares que se les acercaban o que no sabían que no podían dar su firma cuando, a pesar de que ya tendrán 18 años el día de la elección, hoy todavía no aparecen en el listado nominal. Todas esas también aparecen como “con inconsistencias”.

-Fotocopias: En este caso, existen tres tipos:

a) Aquellas que genuinamente la gente carga por temor a perder la credencial original. Particularmente en las ciudades, la gente evita llevar sus identificaciones oficiales ante el riesgo de encontrarse con asaltantes o carteristas. El Tribunal no se ha pronunciado con respecto a la invalidez de las fotocopias pues la ley sí lo permite mientras que los lineamientos aprobados por el INE las catalogan como inválidas.

b) Aquellas que se catalogaron como inválidas desde un inicio. Estas fueron revisadas en las audiencias, dimos de baja auxiliares por mal uso de la aplicación y tomamos medidas cuando vimos que se trataba de una práctica recurrente.

c) Las que nunca supimos que estaban ahí porque la aplicación del INE las daba por válidas. De éstas tuvimos noticia por primera vez el viernes que el INE hizo públicos los resultados de la última verificación.

-Firmas con problemas de simulación. Este criterio se refiere a las falsificaciones. Es decir, casos en los que hubo dolo para engañar a la autoridad creando modelos de credencial que esquivaban los endebles candados de seguridad de la aplicación.

En esta situación nosotros solo tuvimos 432 casos de un universo de 1 millón 500 mil enviadas. Supimos de esto el viernes pasado cuando había pasado un mes de la clausura del proceso y ya no se podía hacer nada para corregirlo.

En estos días revisaremos el origen de estas últimas y denunciaremos ante la FEPADE a fin de que proceda contra quien resulte responsable.

Este proceso de recolección de firmas a nivel federal no tiene precedente en la historia de México. Tuvo enormes dificultades y momentos de tensión, tanto para la autoridad como para los equipos de campaña. A pesar de esto, Margarita Zavala logró el objetivo que establece la Constitución: más de 870,000 mexicanas y mexicanos dieron su firma para que ella esté en la boleta y compita.

Sé que su aparición en la boleta incomoda y enoja a muchos. Así comienzan los procesos de disrupción política. Así empieza, también, la campaña de la única independiente.

Fernanda Caso es representante ante el INE de Margarita Zavala.

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