Presidente Andrés Manuel López Obrador en su visita a Honduras

Xiomara Castro, una mujer con convicciones, con principios, con ideales, una mujer ejemplar.

Amigas y amigos hondureños, luego de escuchar a la presidenta Xiomara Castro, bien podría decir que suscribo lo que ella ha expresado y ya no hablar más. Diría si a caso: “he dicho, muchas gracias”. Pero traigo escrito y lo cierto es que me da mucho gusto estar en Honduras, con este pueblo hermano y estar con la presidenta Xiomara Castro, una mujer con convicciones, con principios, con ideales, una mujer ejemplar.

Me da mucho gusto estar entre ustedes cuando la esperanza se ha fortalecido en nuestros respectivos países y ambos se encuentran bajo una clara orientación progresista a favor de la soberanía y el bienestar para las clases populares y subrayo, en contra de la corrupción.

Nuestro empeño tiene bases firmes y compartidas. En los territorios de México y de Honduras floreció la gran civilización maya, heredera de la olmeca, en un tiempo en el que las fronteras no habían sido inventadas y Mesoamérica era un mosaico de culturas emparentadas. Es claro que hubo vínculos e influencias entre Teotihuacán y Copán, y que era, junto con Tikal, Calakmul y Palenque, me refiero a Copán, uno de los cuatro señoríos más poderosos de esta región. Hoy, gracias a los descubrimientos de los arqueólogos, se han podido descifrar los glifos de las estelas y otros monumentos y leerlos con cierta fluidez para asomarse a una historia de complejos equilibrios, conflictos y cooperación entre esas sociedades.

La invasión española fue igualmente cruel en Honduras y en México, y las guerras para conquistar ambos territorios se entremezclan desde que Cristóbal de Olid traiciona a Hernán Cortés y este organiza una expedición desde la ya vencida Tenochtitlan para castigar al desleal, pero cuando llegó a Honduras, de Olid ya había sido asesinado por otros españoles. Tanto en México como en Honduras y en Guatemala, la resistencia indígena empezó desde la llegada misma de los invasores europeos.

Durante tres siglos el despiadado dominio colonial llamó vasallos a los indígenas y esclavos a los africanos secuestrados y sojuzgados en este continente, pero trató a ambos con crueldad semejante. Para fines del siglo XVI aparecieron en los litorales del Caribe y del Golfo de México nuevas desgracias: las guerras entre potencias europeas y la piratería. En la costa atlántica centroamericana, las resistencias indígenas en contra del dominio español se desarrollaron de manera singular, debido a las constantes incursiones de fuerzas inglesas con las que misquitos y zambos solían establecer alianzas.

En los procesos de independencia tuvo un papel de primer orden José Cecilio del Valle, un hondureño, resuelto impulsor del principio de autodeterminación, quien fue diputado en el primer congreso del México independiente, fue nombrado en ese congreso. Desde allí se esforzó en demostrar la ilegitimidad de la anexión de Centroamérica al Imperio Mexicano, decía: “La unión con México es nula porque la voluntad general de los pueblos es la que debe determinarlo, y esta voluntad solo puede expresarse por un congreso formado de diputados elegidos por los mismos pueblos”. Y, en efecto, la anexión había sido decidida por una pequeña élite, camarilla de oligarcas sin consultar a las sociedades.

Agustín de Iturbide lo hizo encarcelar porque pensó que el prócer hondureño conspiraba contra él. La entereza de Del Valle quedó plasmada en las palabras que pronunció cuando le avisaron que estaba a punto de ser capturado y le recomendaron que huyera. Cito textualmente lo que dijo: “Que huyan quienes son reos ante la ley: los que han cometido delitos y son positivamente criminales. Yo no conozco el crimen; yo soy hombre de bien y respeto la virtud”.

Entre el 27 de agosto de 1822 y el 28 de febrero del año siguiente, José Cecilio del Valle permaneció detenido en el Convento de Santo Domingo, en la capital de nuestro país, en donde se dedicó al estudio. Sorpresivamente, en la segunda de esas fechas, Agustín de Iturbide lo liberó y lo obligó a aceptar el nombramiento como ministro de Relaciones Exteriores. Para entonces, el efímero imperio de Iturbide estaba en sus últimos momentos.

No podría, desde luego, dejar de mencionar a otros ilustres próceres de esta hermana nación de Honduras, el general Francisco Morazán, que en época tan temprana como 1830 proclamó la separación entre la Iglesia y el Estado e intentó llevar a cabo transformaciones políticas y sociales de gran calado para desmantelar el régimen heredado de la colonia y construir una sociedad fundamentada en la educación universal, la libertad de pensamiento y la igualdad social y política, acorde con el ideario liberal. Pero las condiciones en la recién formada República Federal de Centroamérica no daban para tanto, el prócer se adelantó a su tiempo, y el noble y meritorio empeño de Morazán por hacer realidad los principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad se disolvió conforme el propio país se desmoronaba para dar paso a cinco repúblicas independientes.

El resto del siglo XIX se asemeja en nuestras naciones porque transcurrió en guerras civiles entre centralistas y federalistas o entre liberales y conservadores y entre múltiples intervenciones extranjeras, fuera de Estados Unidos o de otras potencias europeas.

Y como no debo extenderme en estas evocaciones históricas, paso por encima del siglo XX para centrarme en la actualidad. Como señalé al principio, los gobiernos de Honduras y de México comparten hoy visiones y propuestas para dejar atrás la larga noche del neoliberalismo, un periodo caracterizado por la dependencia, el autoritarismo, la impunidad, la desigualdad, la corrupción y la descomposición social.

Presidenta Castro, compañera Xiomara: los pueblos de México y Honduras se han manifestado por el ejercicio pleno de la soberanía, la honestidad en el gobierno y el imperio de la justicia social, especialmente para los más marginados: las mujeres, los pueblos originarios, los campesinos y los asalariados, los que han sufrido violencia, explotación y opresión durante cinco siglos.

Los infortunios causados por las políticas económicas oligárquicas han tenido entre sus consecuencias más trágicas la ruptura del tejido social y la emigración forzada de millones. Es este un fenómeno que ha causado devastación en nuestros países, ha despoblado nuestros campos, ha provocado la separación desgarrada de familias y ha lanzado a incontables migrantes a vivir los peligros de la larga travesía; quienes logran completarla, enfrentan en tierras extranjeras persecución policial, discriminación y racismo. El ejercicio de la libertad de tránsito es sagrado, pero es intolerable el que muchos se vean forzados a abandonar su lugar de origen por hambre, por inseguridad o por total carencia de horizontes de vida.

Esta clase de migración obligatoria, como usted lo ha señalado, y masiva es un fenómeno que involucra a los países de origen, a los de tránsito y a los de llegada, y la única forma de resolverlo es mediante el entendimiento y la cooperación multilateral. Por eso, en México, mi gobierno está empeñado en un proyecto de desarrollo y generación de bienestar, para arraigar a la tierra a quienes hoy no tienen otro remedio que abandonarla.

Pero además de punto de partida somos territorio de tránsito y estamos conscientes del sufrimiento y el riesgo que ese tránsito representa para muchos hermanos hondureños, guatemaltecos y salvadoreños y para todos los ciudadanos de otros países. Por eso hemos venido insistiendo en la pertinencia de aplicar en Centroamérica programas sociales como los que nosotros hemos estado aplicando desde hace tres años con muy buenos resultados en nuestro país.

Para ello no basta la voluntad de los latinoamericanos; necesitamos, además, que Estados Unidos se involucre de manera clara en la solución de un problema que también le afecta y que contribuya a financiar esos programas. En El Salvador ya se están aplicando dos: Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, y acabamos de suscribir el acuerdo aquí en Honduras para lo mismo, para que se apliquen estos dos programas, aquí ya están protagonistas de esos programas, de Sembrando Vida y de Jóvenes Construyendo el Futuro. Vamos a continuar con estos programas y queremos hacerlos masivos, y procurar que beneficien, no a decenas de miles, sino a cientos de miles o a millones de personas, requerimos por eso que el gobierno y el congreso de Estados Unidos aprueben los fondos necesarios. Hablamos de unos cuatro mil millones de dólares, que fue lo que el presidente Biden ofreció aportar para el desarrollo en el sureste de México, en Guatemala, en Honduras y en El Salvador.

Este es un asunto en el que mantenemos una atención constante. El 29 de abril tuve una conversación con el presidente Biden y en ella volvimos a revisar la cooperación bilateral para el desarrollo de Centroamérica, en especial de Honduras, incluso me mencionó que están analizando la posibilidad de garantizar visas de trabajo para hondureños; lo expresó también para otros países de Centroamérica, pero me llamó la atención que mencionó de manera enfática Honduras. Yo creo que esto va a ayudar mucho al desarrollo de los países de Centroamérica para atender las causas profundas de la migración, pero también para ampliar las vías legales de regularización de migrantes y de refugiados, de lo que hablamos también hace un momento.

Compañera Xiomara Castro, amigas y amigos hondureños:

Sembremos, o mejor dicho, sigamos sembrando fraternidad allí donde hay desesperanza; construyamos la seguridad y la paz procurando dar a todos los habitantes de nuestras naciones una cuna, un pupitre, un techo, una mesa, un trabajo decoroso y una sepultura digna. Lo que nosotros llamamos Estado de bienestar, que el ser humano tenga seguridad desde que nace hasta que muere; desde la cuna hasta la tumba. Hagamos realidad, en fin, la cláusula del más mexicano de los escritores hondureños, o el más hondureño de los escritores mexicanos, Rafael Heliodoro Valle, que decía: “Es más fuerte que la muerte el Amor”.

Muchas gracias.

Rompiendo el protocolo y el ceremonial. Una postdata: apoyamos la iniciativa de reforma eléctrica de la presidenta Xiomara Castro, en beneficio del pueblo de Honduras, sobre todo de la mayoría del pueblo que va a tener la posibilidad de contar con energía eléctrica barata, precios justos de energía eléctrica para el pueblo de Honduras. Felicidades.

Casa Residencial, Tegucigalpa, Honduras, 6 de mayo de 2022

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