Estamos llegando a esa época del año en que diputados y diputadas comienzan a presentar sus informes de actividades legislativas.
Y con ellos llegan los escenarios, las pantallas, la publicidad, los invitados, los aplausos y las fotografías que posteriormente inundarán las redes sociales.
Pero hay algo que debemos cuestionar.
¿En qué momento un ejercicio de rendición de cuentas comenzó a parecerse tanto a un acto de promoción personal?
El caso de la diputada Gaby Pérez ha llamado la atención porque representa al Distrito Electoral catorce, con cabecera en Villa de Etla, pero ha convocado a presentar su segundo informe en el Paseo Juárez, El Llano, de Oaxaca de Juárez.
Y aunque realizarlo fuera de su distrito no significa necesariamente incumplir la ley, sí plantea un cuestionamiento sobre la cercanía que deben mantener los representantes populares con los ciudadanos que los eligieron.
Porque un diputado no llega al Congreso para construir solamente su siguiente aspiración política.
Llega para legislar, fiscalizar, representar y responder a las necesidades de la población.
Y aquí es donde debemos comenzar a revisar los resultados.
¿Cuántas iniciativas presentó cada diputado?
¿Cuántas fueron aprobadas?
¿Cuántas siguen detenidas en comisiones?
¿Y cuáles se han convertido en leyes que verdaderamente beneficien a los oaxaqueños?
Porque tampoco se trata de presentar iniciativas por presentar. Una buena reforma puede tener más valor que veinte propuestas sin resultados.
Los informes deberían servir precisamente para explicar todo esto.
Sin embargo, existe una preocupación legítima cuando estos actos se convierten en grandes concentraciones de personas, con despliegues de publicidad, logística y promoción de la imagen de quienes ocupan cargos públicos.
También debe existir transparencia sobre los recursos utilizados.
¿Quién paga los escenarios?
¿Quién financia los traslados de asistentes desde otras comunidades?
¿De dónde salen los recursos para alimentos, transporte, publicidad y organización?
Y si existen apoyos económicos para movilizar asistentes, ¿quién los entrega y con qué finalidad?
No podemos afirmar que todos los diputados realicen estas prácticas, ni que cada persona que asiste a un informe haya recibido algún pago.
Pero sí podemos exigir que se transparenten los gastos y que nadie confunda una concentración numerosa con una evaluación favorable del trabajo legislativo.
Porque llenar un escenario no significa llenar de resultados una gestión.
Y una fotografía con cientos de personas tampoco demuestra que se hayan cumplido los compromisos asumidos ante los electores.
México necesita representantes que trabajen, que cumplan objetivos, que administren responsablemente los recursos públicos y que comprendan que un cargo de elección popular no es una plataforma de promoción permanente.
Necesitamos legisladores que regresen a sus comunidades, escuchen a sus representados y expliquen tanto sus logros como sus pendientes.
Que informen cuánto costó su trabajo y qué resultados produjo.
Y que tengan la responsabilidad de reconocer también aquello que no pudieron cumplir.
Porque rendir cuentas no consiste solamente en seleccionar las mejores fotografías, destacar los discursos más convenientes y organizar un evento lleno de aplausos.
Rendir cuentas significa someter el trabajo realizado al escrutinio de la ciudadanía.
Y eso es precisamente lo que debemos comenzar a exigirles a todos, sin importar el partido político al que pertenezcan.
México no necesita más espectáculos políticos disfrazados de rendición de cuentas. Necesita servidores públicos que entreguen resultados comprobables
Porque los cargos son temporales, los recursos son públicos y la obligación de trabajar es permanente.
Y AL FINAL, EL MEJOR INFORME DE UN REPRESENTANTE POPULAR NO ES EL QUE MÁS GENTE REÚNE... SINO EL QUE MÁS RESULTADOS PUEDE DEMOSTRAR.
Soy Mauricio D' Ríos Reynoso.
Y ESTA ES MI OPINIÓN.
